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Una opinión acerca del Pecado Social (*)
El nivel de pecado individual, es lo más difundido, como el mentir, el robar, el adulterio etc y muchas veces “reducimos el espacio de la fe a la vida personal o familiar, excluyendo el orden económico, social y político". (Puebla 515 Documento de la Iglesia Católica).
Sin embargo también debemos difundir un nivel superior del pecado. El llamado pecado social, que se refiere a las injusticias sociales que condenan a la pobreza a las grandes mayorías de personas, que en nuestro país representan casi el 50% de la población. Entre las consecuencias del pecado social se encuentra la mortalidad infantil, la falta de vivienda, el desempleo, el subempleo, la desnutrición, la discriminación, etc. Por tal motivo para los creyentes en Cristo, la pobreza no debe ser una cuestión natural sino, que ”debe ser entendido como fruto de estructuras sociales injustas” (Puebla 29 y 30)
Por otro lado, no debe perderse de vista que cuando se habla de pecado social fruto de estructuras sociales injustas, existe una responsabilidad individual en la construcción y acción de una sociedad diferente y esta posición la encontramos en la Biblia, leyendo a Mateo capítulo 25 en sus versículos del 31 al 46, cuando Jesús habla del juicio final, se hace referencia a hechos de índole social: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar abrigo al forastero, vestir al desnudo, visitar al enfermo y visitar a los presos.
Muchos países de América Latina incluyendo el nuestro, obedecen a un sistema político, económico y social que nos ofrece una visión de la vida individual y egoísta donde lo importante es el poder, el dinero, el placer y el tener. La existencia se vive como un vacío en donde, como dice la Biblia trae como consecuencia la frase: “…Comamos y bebamos, que mañana moriremos”. (Isaias 22,13)
No puede negarse que este tipo de sistema es el que alimenta estas estructuras sociales injustas, en donde en la búsqueda del éxito económico, lo importante es la máxima producción a los más bajos costos (considerando como costos, importantes inversiones en los salarios y en la seguridad social de los trabajadores), los famosos “services” son una prueba de ello. Esta lógica conduce a privilegiar el crecimiento económico por encima de su distribución equitativa y justa, que es lo que padecemos en la actualidad y que atenta en contra de la ética cristiana: “El salario de los trabajadores que cosecharon sus campos se ha puesto a gritar, pues ustedes no le pagaron; las quejas de los segadores ya habían llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Han conocido sólo lujos y placeres en este mundo, y lo pasaron muy bien,…condenaron y mataron al inocente, pues ¿cómo podía defenderse? ” (Santiago 5,4-6)
Un informe de la ONU indica que los 500 individuos más ricos del mundo tienen más ingresos que los 416 millones de personas más pobres. (...) Por otro lado, por cada dólar que se invierte en combatir la pobreza, se gastan diez dólares en armas. Cuando el motor de la globalización está en lo anteriormente mencionado, se aumenta mucho más la brecha entre ricos y pobres y se nutre el resentimiento social y el deseo egoísta de “superarse a toda costa y sin importar el precio”. A este contexto, hay que sumar el marco de la competencia desleal en el que hay que sobrevivir venciendo al otro, de esta manera el prójimo, se convierte así, en un enemigo, y los conceptos y la práctica del amor y de la solidaridad están excluidos en este tipo de pensamiento.
Todo esto es contrario a una verdadera ética cristiana, como leemos en la Biblia:
“No busque nadie sus propios intereses, sino, más bien preocúpese cada uno por los demás”. Filipenses 2,4
“Lleven las cargas unos de otros, y así cumplirán la ley de Cristo” Gálatas 6,2.
No hay espacio para el egoísmo: “…Amarás a tu prójimo como a ti mismo, el amor no hace nada malo al prójimo;…” Romanos 13, 9-10.
“Han recibido a Cristo Jesús como el Señor; tomen pues su camino” Colosenses 2, 6.
“Nosotros, si realmente somos fuertes, debemos cargar con la debilidad de los que no tienen esa fuerza y no buscar nuestro propio agrado. Que cada uno busque lo que agrada a su prójimo, ayudándole a crecer en el bien” Romanos 15,1-2. “Acójanse unos a otros como Cristo los acogió para gloria de Dios” Romanos 15, 7.
Así las cosas, lo que nos corresponde a nosotros los seguidores de Jesús es construir una sociedad nueva en donde lo que sea primero es el servicio, la solidaridad, el amor por el prójimo, la justicia y la igualdad. Elevando nuestras voces y denunciando sin temor a aquellos que teniendo el poder económico, social o político, hacen exactamente lo contrario a las enseñanzas que Jesús nos dio y que se resume en tener una opción preferencial por el pobre.
Finalmente podemos concluir que hablar del pecado social, tiene como principal objetivo, el de comprender y tomar conciencia de nuestra propia responsabilidad individual en la acción y en la construcción de una estructura política, social y económica más humana y más justa, fijando nuestra posición como cristianos comprometidos con la realidad en la que nos toca vivir.
(*) Ingº Angel Soto Valdivia
Magister en Educación
angelsoto_1@hotmail.com
www.sonrieperu.com
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